Jaque se ató a los Kirchner, su destino está marcado
Mendoza - La Provincia tiene vigente, con sus reformas, una Constitución Provincial que fue sancionada en 1916, que con sus contenidos sociales logró un gran avance para la época.
Dentro de las normas que preveía, está el Artículo 115 que expresa que “El Gobernador y el Vicegobernador no podrán ser reelegidos para el período siguiente al de su ejercicio. Tampoco podrá el Gobernador ser nombrado Vicegobernador, ni el Vicegobernador podrá ser nombrado Gobernador. No podrán ser electos para ninguno de estos cargos, los parientes de los funcionarios salientes, dentro del segundo grado de consanguinidad o afinidad”.
Esto ha llevado a que ni el gobernador, ni su vice, ni sus familiares pudieran ocupar aquellos cargos nuevamente una vez concluido el mandato.
Este tema que puede parecer trivial, ha impedido que como ocurre en otras provincias argentinas, los gobernadores se eternizaran en sus cargos, ya sea por sí, por sus vice o por sus familiares.
Institucionalidad
Incluso, y pese a que sí lo permite la norma constitucional, nunca un ex gobernador desde 1983 pudo ser reelecto.
En Mendoza, no es posible que se repita la experiencia de los Rodríguez Saa de San Luis, ni lo de Gioja de San Juan, ni lo de los Kirchner en Santa Cruz y en la Argentina.
Por supuesto que casi todos los gobernadores mendocinos, desde Bordón en adelante, dedicaron parte de su gestión en tratar de modificar esta norma buscando una probable reelección, pero la rigidez de la constitución provincial y lo dificultoso de su reforma, que incluye un plebiscito vinculante, se los ha impedido.
Así es como desde 1983 han ocupado el “Sillón de San Martín” siete (7) gobernadores, sin que por eso la institucionalidad se viera afectada. Es más el “recambio dirigencial” ha sido más continuo que a nivel nacional.
En 1983 con el “aluvión alfonsinista” llegó al poder Santiago Felipe Llaver, un radical que respetó la institucionalidad y que si bien era del mismo signo político que el gobierno nacional, planteó la defensa de los intereses provinciales cuando los creyó necesario.
El radicalismo gobernante ratificó su fortaleza en 1985, pero decayó en su aceptación popular a partir de 1987, al igual que en el resto del país le pasó a los seguidores de Raúl Alfonsin. Desde entonces el radicalismo provincial entró en un cono de sombras.
Entre 1987 y 1999 se sucedieron tres gobiernos del justicialismo, lo que se conoció como “El equipo de los Mendocinos” encabezados sucesivamente por José Octavio Bordón, Rodolfo Gabrielli y Arturo Lafalla, los que además de sus disputas internas, no se caracterizaron por una gran alineación con el gobierno de Carlos Menem.
Punto de Inflexión
Así se sabe, que el entonces ex gobernador Bordón desechó una propuesta ministerial del novel presidente riojano en 1989, aunque la lista de peronistas mendocinos opositores al “bordonismo” en el gobierno del menemismo ocuparon los más altos cargos nacionales, Manzano, Bauzá, Dromi, Diaz, etc., y si bien el gobierno nacional y el provincial ganaban las elecciones, las diferencias entre ambos sectores peronistas eran evidentes y muchas veces se reflejaban en la Provincia.
El punto culminante de esta diferenciación se produjo en 1995, cuándo Bordón desde el FREPASO en las elecciones presidenciales enfrentó a un Menem, en uno de los puntos más altos de su popularidad, y obtuvo el segundo lugar, “vaciando de dirigencia” en parte al peronismo local.
En esos años es cuando empieza a crecer, al igual que en el resto de país donde muchos de los partidos provinciales llegaron al gobierno, una fuerza conservadora provincial y esto llevó a que por casi una década la Legislatura provincial estuviera dividida en tercios: peronista, radical y demócrata.
En 1997 ya se vio el descontento provincial frente a los gobiernos peronistas, que aún hoy se recuerdan por las privatizaciones de los Bancos oficiales, de los servicios públicos y de la transferencia de la Caja de Jubilaciones provincial que preveía una jubilación del 82% móvil.
La Crisis y las elecciones k
Así es como, en 1999, el PJ gobernante daba paso a la disputa que entre el provincial Partido Demócrata y la UCR, volviendo esta última al poder provincial, por el “arrastre” de la ALIANZA a nivel nacional.
Comienza entonces el gobierno radical de Roberto Iglesias, a quien le tocó enfrentar la crisis de 2001, y manejar las relaciones con De la Rua, los gobiernos interinos, Duhalde y la primer etapa del kirchnerismo.
La crisis política, desatada en 2001, tuvo su correlato electoral a nivel provincial con la aparición de unas fugaces fuerzas locales que rescataban las banderas del federalismo y la lucha por la defensa de los recursos naturales provinciales.
En 2003, cuando se produce la elección presidencial que lleva a Kirchner a la presidencia, hay una hecatombe en la política provincial.
El peronismo local divide sus apoyos entre las tres formulas peronistas (Rodríguez Saa, Menem y Kirchner) y el triunfo local del puntano (40%), seguido por el riojano (25 %) y un muy magro 8% del santacruceño, hacen que desde el poder central K se gestara la “preferencia” hacia el gobernante partido radica,l en detrimento de sus “compañeros” mendocinos .
El ascenso de Cobos
Las elecciones provinciales, fueron meses después de las presidenciales, y el kirchnerismo “se hizo el distraído” en represalia a la dirigencia local que meses atrás lo había llevado a un pésimo resultado electoral. Así el radicalismo, que estaba destruido a nivel nacional a solo 2 años de la “expulsión” de De la Rua, lograba un triunfo de la mano de un muy poco conocido ingeniero rector de la Universidad Tecnológica: Julio Cesar Cleto Cobos.
El sucesor de Roberto Iglesias en la gobernación desde 2003, Julio Cobos, es uno de los que creyó en el “discurso K” de la transversalidad, y comenzó con la tarea de acercamiento de radicales a la idea de lo que se llamó la Concertación que lo llevó a la actual vicepresidencia.
Lo cierto es, que la cercanía de Cobos al gobierno central traía sus ventajas, y más en el marco de la política nacional de “alineación con la chequera oficial” y la falta de herramientas que todo gobierno provincial tiene desde que NO maneja los servicios públicos ni tiene bancos oficiales con los que otorgar medidas de fomento. Eso sí, muchas fueron “promesas” que aún hoy no se concretan en la realidad local.
Pero hay que reconocer que las elecciones de 2003 no solo generaron roces en el PJ mendocino. También la UCR y el provincial Partido Demócrata dividieron sus apoyos entre las fórmulas “no peronistas” de Lopez Murphy y de Carrio. Esas heridas han tardado en sanar y algunas quizá nunca se curen.
Es así, que cuándo el gobernador Julio Cobos le dá el SI a Cristina Kirchner para ser su candidato a vicepresidente, parte de la UCR encabezada por el ex gobernador Roberto Iglesias deciden enfrentar a la UCR kirchnerista, y esto permite que el ultra-kirchenrista Celso Jaque llegase a la gobernación en 2007.
El triunfo de Jaque entonces tuvo tres justificaciones. El apoyo a una fórmula nacional que llevaba al gobernador Cobos, a la vicepresidencia, la división de la UCR en dos fórmulas provinciales y la “promesa” de que en 6 meses bajaría el delito en un 30% (“…esto solo para empezar” decía el spot).
La “preferencia” de los Kirchner hacia Cobos, tenia su correlato provincial en el favoritismo del gobierno central hacia el vicepresidente por sobre el gobernador, esto dejó de ser una realidad ante el “voto NO positivo” en el conflicto del campo.
Es de reconocer que, en Mendoza, el conflicto del campo de 2008 no tuvo mayores repercusiones, pues las medidas de la Resolución 125 no afectaban a productores locales, pero el impacto a través de los medios y la “repentina popularidad nacional” de Cobos, sí hicieron mella en la política local.
Celso Jaque: Centralización y Conflicto
El gobernador Jaque explotó, entonces, al máximo sus relaciones kirchneristas, y casi se diría que pasaba más tiempo recorriendo los pasillos de la Casa Rosada y de los Ministerios Nacionales que en la Casa de Gobierno local. No había acto ni foto con la Presidente en la que no estuviese presente.
Pero esta “alineación” lindante en la obsecuencia, más el incumplimiento de sus promesas electorales, sumado al “desprecio” al vicepresidente Cobos por parte de los K, llevó a que los coprovincianos en las elecciones de junio de 2009 le dieran un triunfo estrepitoso a la oposición, canalizada en Mendoza por “la gente de Cobos”, que llegó a casi el 50% de los votos en casi todos los rincones de la provincia, frente a un muy magro 25% de los seguidores del gobernador Jaque.
Hoy, la realidad es que las cuentas públicas están en rojo, que el gobernador Jaque no consigue mayor “auxilio financiero” desde la Casa Rosada, ya que para el gobierno central es “la provincia de Cobos” en la que las dificultades crecen diariamente.
En estos días el propio Ministro de Hacienda provincial Adrián Cerroni, ha reconocido que “los sueldos de octubre se pagarán puntualmente, pero habrá dificultad para los sueldos de noviembre y diciembre”, esto dicho en el medio de una justificación al proyecto que enviará a la Legislatura para endeudar a la provincia por más de 500 millones de pesos.
Esto se suma a los dichos del propio gobernador que afirmó, un tiempo atrás, que hasta el final de su mandato a fines de 2010 NO habrá aumentos salariales a los empleados públicos.
La respuesta NO se hizo esperar, la Secretaria General de ATE Mendoza Raquel Blas ha dicho con su característica frontalidad “El bajarse tanto los calzones no le ha dado resultado a Jaque”.
La CGT local ha desplazado a su Secretario General Roberto Picco por ser “demasiado kirchnerista” y éste disparó sus dardos contra el gobierno de Jaque y los medios de comunicación, que no perdonan a la ley de Medios.
El vicegobernador Cristian Racconto, ha salido a criticar a los Diputados Nacionales que apoyaron la ley de Presupuesto que trae una importante pérdida de fondos para la Provincia de Mendoza, más beneficios para las provincias vecinas (San Juan, San Luis, La Rioja y Neuquén). Así tres de los cinco Diputados Nacionales, alineados con la Administración Kirchner, dieron una conferencia de prensa argumentando su defensa, pero terminaron criticando al gobernador Jaque por no renovar su gabinete ni entender el muy magro resultado electoral de junio.
Los Intendentes Municipales han comenzado esta semana su peregrinación a las oficinas de reparticiones públicas nacionales en Buenos Aires, para ver si logran fondos para destrabar las obras públicas, muchas de ellas ya paralizadas, al igual que el pago a proveedores, así como recursos para pagar los sueldos de las comunas. Eso sí, los primeros en la fila son los justicialistas, seguidos por el demócrata Intendente de Luján, muy alineado con el gobernador Jaque.
Los intendentes radicales y los cobistas han decidido NO concurrir argumentando que se trata de “nuevas promesas a fondos que después no llegan” y de una “nueva foto” para dejar a todos “pegados” en la reforma política que viene.
En síntesis, para el mendocino, sea por consecuencia de una norma constitucional o por una cultura política muy particular, el cambio de gobernantes le es un hecho natural que no le causa miedos, ni sorpresas, pues se lo vive como algo normal y básicamente castiga al que evidencia una entrega al gobierno central.
Y esto lo sabe la clase política, por lo que busca despegarse de cualquier “entrega” al gobierno central.
Lorenzo López Navarro
Mendoza
Dentro de las normas que preveía, está el Artículo 115 que expresa que “El Gobernador y el Vicegobernador no podrán ser reelegidos para el período siguiente al de su ejercicio. Tampoco podrá el Gobernador ser nombrado Vicegobernador, ni el Vicegobernador podrá ser nombrado Gobernador. No podrán ser electos para ninguno de estos cargos, los parientes de los funcionarios salientes, dentro del segundo grado de consanguinidad o afinidad”.
Esto ha llevado a que ni el gobernador, ni su vice, ni sus familiares pudieran ocupar aquellos cargos nuevamente una vez concluido el mandato.
Este tema que puede parecer trivial, ha impedido que como ocurre en otras provincias argentinas, los gobernadores se eternizaran en sus cargos, ya sea por sí, por sus vice o por sus familiares.
Institucionalidad
Incluso, y pese a que sí lo permite la norma constitucional, nunca un ex gobernador desde 1983 pudo ser reelecto.
En Mendoza, no es posible que se repita la experiencia de los Rodríguez Saa de San Luis, ni lo de Gioja de San Juan, ni lo de los Kirchner en Santa Cruz y en la Argentina.
Por supuesto que casi todos los gobernadores mendocinos, desde Bordón en adelante, dedicaron parte de su gestión en tratar de modificar esta norma buscando una probable reelección, pero la rigidez de la constitución provincial y lo dificultoso de su reforma, que incluye un plebiscito vinculante, se los ha impedido.
Así es como desde 1983 han ocupado el “Sillón de San Martín” siete (7) gobernadores, sin que por eso la institucionalidad se viera afectada. Es más el “recambio dirigencial” ha sido más continuo que a nivel nacional.
En 1983 con el “aluvión alfonsinista” llegó al poder Santiago Felipe Llaver, un radical que respetó la institucionalidad y que si bien era del mismo signo político que el gobierno nacional, planteó la defensa de los intereses provinciales cuando los creyó necesario.
El radicalismo gobernante ratificó su fortaleza en 1985, pero decayó en su aceptación popular a partir de 1987, al igual que en el resto del país le pasó a los seguidores de Raúl Alfonsin. Desde entonces el radicalismo provincial entró en un cono de sombras.
Entre 1987 y 1999 se sucedieron tres gobiernos del justicialismo, lo que se conoció como “El equipo de los Mendocinos” encabezados sucesivamente por José Octavio Bordón, Rodolfo Gabrielli y Arturo Lafalla, los que además de sus disputas internas, no se caracterizaron por una gran alineación con el gobierno de Carlos Menem.
Punto de Inflexión
Así se sabe, que el entonces ex gobernador Bordón desechó una propuesta ministerial del novel presidente riojano en 1989, aunque la lista de peronistas mendocinos opositores al “bordonismo” en el gobierno del menemismo ocuparon los más altos cargos nacionales, Manzano, Bauzá, Dromi, Diaz, etc., y si bien el gobierno nacional y el provincial ganaban las elecciones, las diferencias entre ambos sectores peronistas eran evidentes y muchas veces se reflejaban en la Provincia.
El punto culminante de esta diferenciación se produjo en 1995, cuándo Bordón desde el FREPASO en las elecciones presidenciales enfrentó a un Menem, en uno de los puntos más altos de su popularidad, y obtuvo el segundo lugar, “vaciando de dirigencia” en parte al peronismo local.
En esos años es cuando empieza a crecer, al igual que en el resto de país donde muchos de los partidos provinciales llegaron al gobierno, una fuerza conservadora provincial y esto llevó a que por casi una década la Legislatura provincial estuviera dividida en tercios: peronista, radical y demócrata.
En 1997 ya se vio el descontento provincial frente a los gobiernos peronistas, que aún hoy se recuerdan por las privatizaciones de los Bancos oficiales, de los servicios públicos y de la transferencia de la Caja de Jubilaciones provincial que preveía una jubilación del 82% móvil.
La Crisis y las elecciones k
Así es como, en 1999, el PJ gobernante daba paso a la disputa que entre el provincial Partido Demócrata y la UCR, volviendo esta última al poder provincial, por el “arrastre” de la ALIANZA a nivel nacional.
Comienza entonces el gobierno radical de Roberto Iglesias, a quien le tocó enfrentar la crisis de 2001, y manejar las relaciones con De la Rua, los gobiernos interinos, Duhalde y la primer etapa del kirchnerismo.
La crisis política, desatada en 2001, tuvo su correlato electoral a nivel provincial con la aparición de unas fugaces fuerzas locales que rescataban las banderas del federalismo y la lucha por la defensa de los recursos naturales provinciales.
En 2003, cuando se produce la elección presidencial que lleva a Kirchner a la presidencia, hay una hecatombe en la política provincial.
El peronismo local divide sus apoyos entre las tres formulas peronistas (Rodríguez Saa, Menem y Kirchner) y el triunfo local del puntano (40%), seguido por el riojano (25 %) y un muy magro 8% del santacruceño, hacen que desde el poder central K se gestara la “preferencia” hacia el gobernante partido radica,l en detrimento de sus “compañeros” mendocinos .
El ascenso de Cobos
Las elecciones provinciales, fueron meses después de las presidenciales, y el kirchnerismo “se hizo el distraído” en represalia a la dirigencia local que meses atrás lo había llevado a un pésimo resultado electoral. Así el radicalismo, que estaba destruido a nivel nacional a solo 2 años de la “expulsión” de De la Rua, lograba un triunfo de la mano de un muy poco conocido ingeniero rector de la Universidad Tecnológica: Julio Cesar Cleto Cobos.
El sucesor de Roberto Iglesias en la gobernación desde 2003, Julio Cobos, es uno de los que creyó en el “discurso K” de la transversalidad, y comenzó con la tarea de acercamiento de radicales a la idea de lo que se llamó la Concertación que lo llevó a la actual vicepresidencia.
Lo cierto es, que la cercanía de Cobos al gobierno central traía sus ventajas, y más en el marco de la política nacional de “alineación con la chequera oficial” y la falta de herramientas que todo gobierno provincial tiene desde que NO maneja los servicios públicos ni tiene bancos oficiales con los que otorgar medidas de fomento. Eso sí, muchas fueron “promesas” que aún hoy no se concretan en la realidad local.
Pero hay que reconocer que las elecciones de 2003 no solo generaron roces en el PJ mendocino. También la UCR y el provincial Partido Demócrata dividieron sus apoyos entre las fórmulas “no peronistas” de Lopez Murphy y de Carrio. Esas heridas han tardado en sanar y algunas quizá nunca se curen.
Es así, que cuándo el gobernador Julio Cobos le dá el SI a Cristina Kirchner para ser su candidato a vicepresidente, parte de la UCR encabezada por el ex gobernador Roberto Iglesias deciden enfrentar a la UCR kirchnerista, y esto permite que el ultra-kirchenrista Celso Jaque llegase a la gobernación en 2007.
El triunfo de Jaque entonces tuvo tres justificaciones. El apoyo a una fórmula nacional que llevaba al gobernador Cobos, a la vicepresidencia, la división de la UCR en dos fórmulas provinciales y la “promesa” de que en 6 meses bajaría el delito en un 30% (“…esto solo para empezar” decía el spot).
La “preferencia” de los Kirchner hacia Cobos, tenia su correlato provincial en el favoritismo del gobierno central hacia el vicepresidente por sobre el gobernador, esto dejó de ser una realidad ante el “voto NO positivo” en el conflicto del campo.
Es de reconocer que, en Mendoza, el conflicto del campo de 2008 no tuvo mayores repercusiones, pues las medidas de la Resolución 125 no afectaban a productores locales, pero el impacto a través de los medios y la “repentina popularidad nacional” de Cobos, sí hicieron mella en la política local.
Celso Jaque: Centralización y Conflicto
El gobernador Jaque explotó, entonces, al máximo sus relaciones kirchneristas, y casi se diría que pasaba más tiempo recorriendo los pasillos de la Casa Rosada y de los Ministerios Nacionales que en la Casa de Gobierno local. No había acto ni foto con la Presidente en la que no estuviese presente.
Pero esta “alineación” lindante en la obsecuencia, más el incumplimiento de sus promesas electorales, sumado al “desprecio” al vicepresidente Cobos por parte de los K, llevó a que los coprovincianos en las elecciones de junio de 2009 le dieran un triunfo estrepitoso a la oposición, canalizada en Mendoza por “la gente de Cobos”, que llegó a casi el 50% de los votos en casi todos los rincones de la provincia, frente a un muy magro 25% de los seguidores del gobernador Jaque.
Hoy, la realidad es que las cuentas públicas están en rojo, que el gobernador Jaque no consigue mayor “auxilio financiero” desde la Casa Rosada, ya que para el gobierno central es “la provincia de Cobos” en la que las dificultades crecen diariamente.
En estos días el propio Ministro de Hacienda provincial Adrián Cerroni, ha reconocido que “los sueldos de octubre se pagarán puntualmente, pero habrá dificultad para los sueldos de noviembre y diciembre”, esto dicho en el medio de una justificación al proyecto que enviará a la Legislatura para endeudar a la provincia por más de 500 millones de pesos.
Esto se suma a los dichos del propio gobernador que afirmó, un tiempo atrás, que hasta el final de su mandato a fines de 2010 NO habrá aumentos salariales a los empleados públicos.
La respuesta NO se hizo esperar, la Secretaria General de ATE Mendoza Raquel Blas ha dicho con su característica frontalidad “El bajarse tanto los calzones no le ha dado resultado a Jaque”.
La CGT local ha desplazado a su Secretario General Roberto Picco por ser “demasiado kirchnerista” y éste disparó sus dardos contra el gobierno de Jaque y los medios de comunicación, que no perdonan a la ley de Medios.
El vicegobernador Cristian Racconto, ha salido a criticar a los Diputados Nacionales que apoyaron la ley de Presupuesto que trae una importante pérdida de fondos para la Provincia de Mendoza, más beneficios para las provincias vecinas (San Juan, San Luis, La Rioja y Neuquén). Así tres de los cinco Diputados Nacionales, alineados con la Administración Kirchner, dieron una conferencia de prensa argumentando su defensa, pero terminaron criticando al gobernador Jaque por no renovar su gabinete ni entender el muy magro resultado electoral de junio.
Los Intendentes Municipales han comenzado esta semana su peregrinación a las oficinas de reparticiones públicas nacionales en Buenos Aires, para ver si logran fondos para destrabar las obras públicas, muchas de ellas ya paralizadas, al igual que el pago a proveedores, así como recursos para pagar los sueldos de las comunas. Eso sí, los primeros en la fila son los justicialistas, seguidos por el demócrata Intendente de Luján, muy alineado con el gobernador Jaque.
Los intendentes radicales y los cobistas han decidido NO concurrir argumentando que se trata de “nuevas promesas a fondos que después no llegan” y de una “nueva foto” para dejar a todos “pegados” en la reforma política que viene.
En síntesis, para el mendocino, sea por consecuencia de una norma constitucional o por una cultura política muy particular, el cambio de gobernantes le es un hecho natural que no le causa miedos, ni sorpresas, pues se lo vive como algo normal y básicamente castiga al que evidencia una entrega al gobierno central.
Y esto lo sabe la clase política, por lo que busca despegarse de cualquier “entrega” al gobierno central.
Lorenzo López Navarro
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